Bueno aqui está la historia:
Un buen día tuve que ir a Palacio Nacional a las 8 de la mañana. Tlalpan estaba a “vuelta de rueda” —del chilangoñol: tráfico intenso— así que decidí dejar mi auto cerca d euna estaciópn de metro y treparme al siempre democrático Convoy naranja. Ya en el zócalo me encontré a un compañero de trabajo que como yo, subiría hacia Santa Fé al terminar el evento.
A la hora de la salida de mi trabajo recordé que el auto lo había dejado en Tlalpan. Así que tuve que hacer una larga, enorme travesía para llegar a mi auto. Aquí van unas impresiones del trayecto:
Caminocito sobre Constituyentes.
Luego te bajas del camioncito, todo turulato de tanto trajín. Muñecas y rodillas fueron sometidas a trabajo extremo.
Compras tu boletito. Por 2 pesos te llevas viaje, masaje y contacto físico.
Viaje en Metro. Nadie sonríe.
Correspondencia con Tasqueña. Pero a mí me enseñaron que se escribía Taxqueña.
Mas metro. Nuevo Convoy y las mismas caras largas.
Luego me bajé del metro, tomé mi coche y manejé otra media hora hasta mi casa. ¿Alguna duda de que no vivo lejos de mi chamba? ¿Y? adoro el trip a casa.








